El obsoleto concepto sobre la vejez. Reflexiones sobre la Ley Faúndes

Viernes, 29 de Junio de 2007

Canal: Políticas y Derechos

DIÓGENES CEDEÑO CENCI
PRENSA.COM
Panamá, jueves 28 de junio de 2007

Estas reflexiones son una voz de aliento para todas las personas que han sido afectadas por la Ley Faúndes Con la aprobación de la Ley 61, del 20 de agosto de 1998, mejor conocida como la Ley Faúndes por las razones políticas que dieron origen a su lamentable sanción, el Estado estableció una fecha de terminación arbitraria del derecho al trabajo que tienen las personas al cumplir los 75 años.

La promulgación de tan polémica ley, desconoce que el hombre es mucho más que su limitado cuerpo, ya que el campo de la vida humana es abierto e ilimitado. Si uno se identifica con esa realidad, el concepto sobre el envejecimiento cambiaría radicalmente y entonces quedaría claro que éstas y no otras son las razones por las cuales personalidades como la Dra. Susana de Torrijos, Mireya Lasso, David Acosta, Edwin Molina, Laurentino Gudiño, Eduardo Charpentier, Marcos Aguilera, este servidor y tantos otros, han empuñado la bandera de que ese exabrupto jurídico, que es la Ley Faúndes, debe ser derogado. Es que el envejecimiento es un fenómeno cambiante y no un proceso estrictamente biológico, que es lo que desconoce esa ley de marras.

Este concepto sobre el ser humano lo comprendió Alberto Einstein en sus reflexiones sobre el tiempo y el espacio. Por eso ahora nuestra sociedad despierta a una nueva percepción del envejecimiento que lleva a las personas de 60 y más años, a verse tan vigorosas y saludables como cuando tenían 50 años, ya que nuestro cuerpo existe como potencial creativo controlado por la inteligencia. Por eso hoy existen tres maneras diferentes de medir la edad de un individuo:

-La edad cronológica
-La edad biológica y
-La edad psicológica.

Es en la edad cronológica, que es la que tiene el individuo, según el calendario, en la que se sustenta la Ley Faúndes. Usted, al cumplir 75 años, se retira del trabajo y punto.

La edad biológica, en cambio, es la que nos dice cómo ha afectado el tiempo a nuestros órganos y tejidos, comparándolos con otras personas de nuestra edad cronológica. En esa edad biológica el individuo no responde creativamente, al cambio; es presa de un constante nerviosismo y no está en capacidad de asimilar situaciones nuevas que se le presenten. Son personas que se encuentran deprimidas e inseguras, porque no tienen buena salud ni física ni mental, y la depresión suele conducirlas rápidamente al envejecimiento, no importa la edad que tengan. Es en beneficio de ellas, que deben promulgarse leyes como la Ley Faúndes, no importa la edad que se tenga.

La edad psicológica, que es la golpeada por la Ley Faúndes, es aquélla en la que el individuo encuentra placer en sus actividades diarias, porque cree que aún su vida tiene sentido, optimismo que hace que se considere como una persona valiosa que aún está en condiciones de prestarle servicio a la patria y a la sociedad, y que aunque tenga la edad de 75 años o más, se siente más joven que algunos que cifran la edad de 25 años. Y a esa edad psicológica, que tiene como valor agregado la experiencia, es a la que se aplica, precisamente, la Ley Faúndes, aunque sí reconoce, que por ser la vida humana, abierta e ilimitada, no debe ponerse objeción por la edad, a quienes aspiren a los cargos de presidente de la República o a una curul como diputado o diputada.

Por lo demás, la Organización Internacional del Trabajo ha publicado un documento titulado, Una sociedad inclusiva para una población que envejece, si se quiere que la sociedad para todas las edades, se convierta en una justa realidad.

Por eso son tan lamentables, esas caricaturas en las que se satiriza a los que se oponen a la Ley Faúndes y se les considera como fósiles humanos. Mis progenitores vivieron hasta una edad medianamente avanzada y jamás tuve, por ello, semejante concepto denigrante. Algunos adolescentes, cuando sus padres los corrigen, les contestan que lo que pasa es que "tú no estás en onda"; "tú estás viviendo en el siglo pasado", respuesta incómoda, pero que por la edad y falta de experiencia, más que de irrespeto del adolescente, no deja de ser una inocente muchachada; porque hay quienes sabemos que no se trata más que de naturales casos de entropía, que es la tendencia universal a convertir lo bueno en malo; el orden en desorden; lo positivo en negativo. Por eso debido a la entropía, los cuerpos sanos se deterioran, enferman o envejecen con el tiempo. Nadie en el universo puede escapar de ella, pues no hace excepciones. De allí que ese envejecimiento, que para algunos es sinónimo de estado fósil, otros lo denominan, con mucho respeto, sobre todo los orientales, ancianidad o entre nosotros, tercera edad o adultos mayores.

Esto debe tomarse en cuenta, en el debate que se está dando sobre la Ley Faúndes. En nuestro sistema de valores, las palabras joven y viejo se enfrentarán y si bien es cierto que habrá quienes proyecten una imagen de los mayores como incompetentes, pobres, enfermos y lentos (edad biológica), términos degradantes aplicados a la ancianidad, no se debe olvidar que la palabra joven, en algunos, es sinónimo de abusos, de drogas, de crímenes, de alcoholismo. Por eso, la discusión sobre la Ley Faúndes debe conducirse por el sendero del respeto y la comprensión.

Termino estas reflexiones con el argumento suscrito por varios diputados, al presentar el proyecto de ley que solicita la derogación de tan nefasto instrumento jurídico: "La Ley Faúndes es contraria a los derechos humanos y es aberrante e indigna para aquellos panameños que han llegado a la edad de 75 años y todavía se encuentran en pleno goce de sus facultades mentales e intelectuales".


El autor fue rector de la Universidad de Panamá y es el presidente de la Fundación Cultural de las Américas.